Atrás quedan los antiguos lagares para prensar la uva y las grandes cubas donde se trasegaba el vino. También cayeron en desuso  aquellas laberínticas bodegas subterráneas en busca de una temperatura homogénea de conservación. Afortunadamente, el paso del tiempo no ha borrado estas huellas y hoy forman parte del patrimonio de la Bodega Alvides.

Pero nuestra historia, comienza con dos pequeños viñedos y una humilde pareja de campesinos de Villalba de Duero. Concretamente con las fincas  de “La Virgen” y “Mirabueno” de no más de media hectárea, heredados por Eutimio Casado e Isabel Hernando, primera generación de la bodega, en la década de los 60. El propósito siempre fue que el esfuerzo redundara en ampliar esas fincas.

Durante las siguientes décadas, el germen de la bodega se fue consolidado gracias a la plantación progresiva de viñedos y a la vocación vitivinícola de Ildefonso Casado y Delfín Casado, nuestra segunda generación.

La idea de crear un vino propio, donde poder plasmar el trabajo que llevaba haciendo esta familia en los viñedos no es casualidad. Aun así, cabe destacar factores determinantes como la presidencia de Ildefonso en la Cooperativa Virgen de las Viñas y la excepcional amistad con el prestigioso enólogo Emmanuel Ivars, que hicieron precipitar los acontecimientos.

Con todo esto, en 2001 nace Casado Alvides con vocación  para emprender y avanzar en el gran mundo de la vid y el vino; conscientes de la importancia del fruto, el cuidado  de los viñedos según los métodos tradicionales y realizando bajas producciones para así garantizar la calidad de nuestros vinos.